Sentada en el suelo de mi habitación, con la ventana abierta, las cortinas moverse al compás del viento, y el olor a mar invadiendo mi habitación. Leyendo relatos que escribí cuando vivía en Andorra, cartas de amigas, mirando fotos y recuerdos...
De repente, me llega un olor a leña quemada y empiezo a mirar a mi alrededor asustada, buscando el origen de ese olor... Miro por la ventana, y me doy cuenta que viene de afuera, de la fiesta mayor del pueblo.
Cierro los ojos, noto el viento en la cara, y ese olor a leña quemada. Lo primero que me aparece en mi mente es la imagen de mi salón de la casa en la que vivía en Andorra. Toda la familia reunida, un fuego encendido en la chimenea, afuera nevando y un metro de nieve virgen que cubre las calles, jardines, montañas...
En ese salón solo había felicidad, harmonía... ése era mi hogar.
De repente, oigo un grupo de amigos reír, niños gritar, adultos que llaman a sus hijos, y me empiezan a venir imágenes de tardes de verano en la montaña, los amigos, primos y todo el mundo alrededor de la parrilla. Todo el mundo hablando, cantando, riendo...
Definitivamente, fueron días mágicos de mi infancia.
Pensando todo esto con los ojos cerrados,
oigo las olas chocar contra las rocas el olor del mar mezclado con el olor de la leña quemada, y recuerdo las noches de barbacoa con la familia y amigos aquí en Mallorca. Pienso en la felicidad que me producía el simple echo de que todo estuviera bien, que todo el mundo lo pasara bien y todo fuera perfecto.
Abro los ojos, y veo cruzando la calle un par de amigas del colegio.
No voy a pensar más en lo bueno que fue el pasado. El pasado es bonito recordarlo pero no hay que vivir de eso. Voy a hacer que el presente sea en un futuro, otro pasado bueno que recordar, voy a hacer que la próxima vez que huela este olor, me recuerde a esta noche en una barbacoa frente al mar junto a mis amigas.¨
Voy a vivir el presente.
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